A
unos 5 Km al norte de la ciudad, siguiendo el camino viejo
de Monteadudo encontramos perfectamente alineados los restos
arquitectónicos más relevantes del Islam medieval
en Murcia. Allí se sitúa la almunia real o
lugar de recreo de los emires murcianos al menos desde el
siglo XI, siendo los más conocidos Ibn Mardanish,
el rey Lobo de las crónicas cristianas e Ibn Hud,
monarca cuyo fallecimiento facilitó la caída
de Murcia bajo dominio castellano en 1243.
La primera construcción es el Castillo de Monteagudo
que, como su nombre indica, se yergue en un cabezo elevado
desde el cual se domina buena parte de la vega media del
Segura. En las excavaciones arqueológicas se han
hallado restos de época ibérica y romana,
aunque su momento de esplendor lo vivió en época
islámica. En él existió una guarnición
permamente cuya misión era la vigilancia del territorio,
el control de la población y probablemente el cobro
de los tributos en especie, lo que explicaría la
existencia de grandes graneros excavados en la roca.
A unos 300 metros hacia poniente descubrimos otra magnífica
muestra de arquitectura militar: el Castillejo de Monteagudo,
conocido en los textos árabes como Qasr Ibn S`ad.
Fue un palacio de recreo donde debieron residir los emires
y buena parte de su séquito. Su planta es rectangular
y siguiendo las tradicionales normas de la arquitectura
palatina, disponía de un patio central flanqueado
por estancias laterales. Las torres prismáticas le
confieren un aspecto fortificado más simbólico
que funcional, teniendo en cuenta la proximidad del castillo.
En el entorno del Castillejo quedan restos de acueductos
y albercas con las que se regaban las extensas áreas
ajardinadas con que debe contar toda almunia real.
Igualmente monumentales debieron ser otros dos palacios
fortificados que formaron parte del complejo palacial. Se
trata de el castillo de Larache (Hisn al Faray) y del Cabezo
de Torres, situado en lo alto de la población a la
que dió nombre.