Como dice el tópico
"si las piedras hablasen...", el viejo y entrañable
Casino podría contarnos muchas historias, hechos
y anécdotas que son parte importante de la Historia
de la Ciudad, unas veces como protagonista, testigo mudo
en otras... Ello, unido a la singular belleza del edificio,
ha convertido al Casino en una de las señas de identidad
de Murcia, de la que sus habitantes se sienten orgullosos.
La parte antigua del Casino
fue proyectada y dirigida por Francisco Bolarín (1852),
al que llamaban en Murcia
"el joven" para diferenciarlo de su padre, también
arquitecto.
La fachada: es obra
del arquitecto Pedro Cerdán Martínez. De estilo
ecléctico, contiene elementos decorativos
clásicos y modernistas.
El patio árabe: obrado en dos alturas y rematado
por una gran cúpula de hierro y cristal.
Con profusa decoración, está inspirado en
los salones reales de La Alhambra y el Alcázar de
Sevilla.
Galería es un enorme pasaje cubierto, a modo de calle
privada. Hace las veces de distribuidor de las distintas
dependencias del Casino, además de lugar de reunión.
El Congresillo es el nombre popular de un salón interior
que fue lugar de reunión de personajes influyentes
dentro de la vida económica y social de Murcia, que
ejercieron una notable influencia en nombramientos de cargos
políticos y toma de decisiones.
El "patio pompeyano",
decorado con una bella estatua del escultor José
Planes, cuenta con 14 columnas -hechas de una sola, con
capitel jónico-, que forman un conjunto de gran efecto
artístico.
El Salón de Baile: espléndido testigo de la
vida social de Murcia durante más de un siglo, fue
dirigido por el famoso arquitecto José Ramón
Berenguer, de estilo neobarroco. Las valiosas pinturas que
lo embellecen -cuatro matronas entre nubes- representan
la Música, la Escultura, La Pintura y la Arquitectura.
Cuatro medallones representan a los hijos ilustres de Murcia:
Romea, Salzillo, Floridablanca y Villacís.
El Tocador de Señoras: Destaca, además de
por el lujo con el que está concebido, por el lienzo
que decora el techo, obra del pintor Marín Baldo,
que muestra una alegoría de la noche representada
por la diosa Selene. Los ojos de la mujer alada que cae
envuelta en llamas se han hecho famosos por el efecto óptico
de que éstos siguen a quien los mira desde cualquier
parte de la sala.
También hay que destacar la Biblioteca, el Salón
de Billar, y dos salones de tertulia con enormes ventanales
a la Calle Trapería a los que los murcianos, con
el fino humor que les caracteriza, apodaron las Peceras.
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