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PALACIO EPISCOPAL
En la plaza del Cardenal
Belluga se alza, junto al majestuoso imafronte de la
Catedral, el Palacio Episcopal. Se dice que cuando el
Obispo Mateo decidió la construcción de
una residencia desde la que se pudiera contemplar la
recién terminada fachada de la Catedral, impulsó
la edificación de este palacio de planta cuadrada.
De elementos arquitectónicos muy singulares,
es otra de las obras cumbres del siglo XVIII en Murcia.
En su construcción colaboraron varios maestros
canteros venidos de las obras catedralicias.
Se compone de dos edificios ensamblados:
El llamado Martillo del palacio (el mirador del obispo);
un espigón saliente construido antes de que se
iniciara la construcción del cuerpo principal
con el fin de tener un mirador sobre el Río Segura
y el Paseo del Arenal o Glorieta.
El cuerpo principal o palacio propiamente dicho; construido
con claras influencias del último manierismo
italiano, por lo que se le relaciona con los palacios
romanos.
Las puertas-balcón
de sus fachadas son soluciones arquitectónicas
que tienen su origen en las concebidas por Miguel Ángel
para el Palacio Farnese de Roma en el año 1546.
Los tratamientos murales a base de ornamentaciones al
fresco son otra característica de los palacios
romanos y napolitanos.
Del interior son de gran interés: la escalera
imperial, que responde a los esquemas más peculiares
del barroco romano; el patio, organizado en tres arcadas
en orden dórico y un cuerpo superior más
compacto; y la pequeña capilla del Obispo, de
planta circular.
El escudo que preside el balcón principal del
palacio recuerda al Obispo Roja, bajo cuyo mandato se
terminó la obra en el año 1.786.
La realización del palacio a mediados del siglo
XVIII, junto con otros edificios y obras públicas,
ponen de manifiesto la importancia de los cambios urbanísticos
que se dieron en Murcia en dicho siglo.
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