El Museo de Santa Clara se ha convertido en uno de los principales recursos culturales y turísticos de la ciudad. Junto con la Santa Iglesia Catedral es el monumento que mejor refleja la historia de Murcia desde la Edad Media hasta nuestros días. Sus vetustos muros han sido testigos de sucesivas culturas y acontecimientos históricos en el transcurso de sus casi 1.000 años de existencia. El edificio nace con vocación "real", fue palacio de emires musulmanes en los siglos XII y XIII, alcázar de monarcas castellanos y real monasterio de religiosas clarisas desde 1365 hasta nuestros días. La presencia de un palacio de recreo (alcázar seguir) fuera de la ciudad se debe al protagonismo alcanzado por Murcia en la escena política de Al-Andalus, no sólo como capital de un extenso territorio, sino como una de las ciudades más notables de Europa.
Palacio del siglo XII
Los gobernadores almorávides y el emir Ibn Mardanish (1247-1272) construyen un primer palacio de dimensiones extraordinarias que además de los salones, pórticos, baños y otras dependencias, dispuso de un patio con andenes que se cortan en cruz y un pabellón o qubba central. De este período forman parte los fragmentos de adarajas de una cúpula de mocárabes (muqarnas) una de las más antiguas de España. En las excavaciones arqueológicas también se han recuperado restos arquitectónicos y revestimientos murales (zócalo) pintados al temple, pertenecientes al salón sur del palacio.
Palacio del siglo XIII
Tras el periodo almohade, el palacio anterior fue derruido para elevar uno nuevo, atribuido al emir murciano Ibn Hud al-Muttawakil (1228-1238) que es el que ha quedado parcialmente en pie. El nuevo palacio es de dimensiones más reducidas, pero mantiene una rica decoración en los arcos angrelados de los pórticos, en el acceso a los salones y en las alhanías o alcobas. El nuevo patio mantiene el esquema cruciforme, pero incorpora una alberca longitudinal, precedente de los patios nazaríes.
Monasterio franciscano
Tras la cesión del edificio a la orden franciscana se inician las transformaciones del viejo edificio para acomodarlo a las necesidades conventuales. La arquitectura conventual de Santa Clara, pese a las intensas reformas barrocas, ha conservado milagrosamente el coro alto que formó parte de la primitiva iglesia gótica. Su cúpula dotada de nervaduras decoradas con dragones de ojos y fauces desafiantes es uno de los escasos testimonios pictóricos de esta época. Excelentes también son las galerías tardogóticas construidas en los últimos años del siglo XV
La "Sección de arte y arqueología andalusí" se ha instalado en el pórtico y salón norte del palacio hudí. En la "Sala de Tudmîr" se exponen ajuares representativos de las artes decorativas de diferentes períodos: Emiratos, Califato, Taifas, Dinastías beréberes y Mudéjares. También se muestran placas funerarias y conmemorativas, maqabriyas con epigrafía y decoración vegetal y varios capiteles marmóreos califales y almorávides.
En la "Sala de Sharq al-Andalus" se refleja el lujo y la ostentación de la vida cortesana. Cualquiera de las piezas expuestas pudo formar parte del ajuar del emir. Podríamos destacar una redoma de bronce con cartela epigráfica, una espada corta, piezas de vidrio y de hueso, alhajas áureas elaboradas en talleres nazaríes y los tesoros monetarios. De gran interés son los restos arquitectónicos de Santa Clara y del Castillejo de Monteagudo: zócalos decorados, fragmentos de un arrocabe y canecillos de madera, yeserías talladas.
"Tiempo de Silencio" es el nombre que define la sección de arte sacro ubicada en el coro alto y galería superior del monasterio . Se exhiben las obras de arte de las monjas clarisas, patrimonio cenobial reunido mediante donaciones o como dotes de las novicias al ingresar en el convento. De esa manera el visitante puede comprender cómo era la vida de las religiosas en el interior de un convento de clausura y las transformaciones arquitectónicas del mismo.
La arquitectura conventual de Santa Clara, pese a las intensas reformas barrocas, ha conservado milagrosamente el coro alto que formó parte de la primitiva iglesia gótica. Además de la citada cúpula, se pueden contemplar piezas como el retablo de Guadalupe y de Santa Clara, realizado en 1590 por Jerónimo Ballesteros.
En la nave conventual se exponen dos grandes obras del siglo XVI: el retablo de San Juan Evangelista y la Predella de la Última Cena. Encontramos los santos propios de la orden franciscana (San Antonio de Padua, San Buenaventura, San Juan de Capistrano y Santa Clara), así como los elementos textiles y de orfebrería necesarios para la celebración eucarística.
La mayor parte de la pequeña obra escultórica responde a afectos, devociones o rituales de las religiosas. La colección de "niños Jesús" y de "niños de la pasión" de los siglos XVIII y XIX es exquisita. Podremos admirar asimismo un Cristo de Santa Clara la Real, tallado en 1770 por Francisco Salzillo, junto con otras obras de Diego de Mora y Roque López. Una serie de obras pictóricas de los siglos XVII y XVIII y la escultura de Santa Catalina de Bolonia, culminan la visita.
En definitiva, la restauración y puesta en valor de un monasterio muy deteriorado por el paso del tiempo ha sido una labor de casi treinta años en la que ha colaborado activamente el Excmo. Ayuntamiento de Murcia. La apertura del museo pone al alcance de los ciudadanos y de los visitantes de la ciudad los tesoros histórico-artísticos ocultos tras las rejas de la clausura. |